AÑO 1985

 

Benchite de Joroba población de 13.567 habitantes situada en el interior de nuestra geografía, entre montes, y cercana al rio Piedras Blandas.

La céntrica casa consistorial es de gran riqueza arquitectónica y antiguo hogar de familia acomodada dueños de fábricas de embutidos que sus herederos mantienen y dan trabajo a muchos de sus lugareños. Da cabida cada martes de principios de mes, costumbre muy arraigada y por lo tanto muy respetada, como otras tantas de menor o mayor poso, a los plenos municipales, para dar voz a los representantes políticos y asistentes, voluntarios unos obligados otros, que participan de forma activa por norma general.

– Paisanos y paisanas – dijo el alcalde a la par que se sentaba tras la mesa presidencial de roble envejecido y noble labrado.

– Tema capital el que hoy abordamos, a la vista de los últimos acontecimientos. Les recuerdo a todos los presentes el reciente apaleamiento de Carmelo, nuestro amanerado e incomprendido vecino.

– Maricón – una voz del fondo del salón resonó con fuerza.

– Calla so ceporro mal parido – Gritó Josefina la frutera, prima hermana del alcalde, dirigiéndose al acémila de Manuel el carnicero en respuesta al insulto.

– Se lo merecía, es un cochino que abusa de nuestras gallinas – dijo Celedonio el dueño de la mercería.

– Eso no es cierto y lo sabes so… – contestó una muy enojada Maruja, la pescadera y concejala del partido comunista. Se levanta y se sienta, se levanta de nuevo, se muerde los labios y señala con el dedo índice de su mano derecha al mercero.

– Me han dicho que lo diga – agachó la cabeza y se sentó de nuevo Celedonio.

– No me queda más remedio – tomó la palabra de nuevo Maruja la pescadera concejala –  y con el permiso de nuestro alcalde y antes de que continúe el insulto gratuito propio de ignorantes, decirles a todos ustedes que Carmelo es persona de gran sensibilidad que ayuda al prójimo sin buscar interés, trabajador como el que más, con gustos diferentes es cierto, pero tan respetables como el de los demás siempre que no cause daño o dolor al vecino. Me ha dicho que él es gay no maricón y gran persona añado yo. Al próximo que se le acerque para el insulto o la violencia el culo le pongo como el de un mandril con mi escopeta de sal, avisaos están – dicho esto se acomodó en su sillón marón, muy seria, apretando los dientes.

– Ya lo han oído ustedes – dijo alcalde a todos los allí presentes – tomamos nota y damos por bueno el aviso de nuestra concejala.

A partir de ese día y gracias una intervención valiente que trajo en los días posteriores todo tipo de críticas y apoyos por parte de los parroquianos de Benchite de Joroba, a Carmelo nunca más mano encima se le puso, aunque de mofas y desprecios no se libraría hasta que decidió marchar a la capital en busca de otro porvenir.

 

 


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