[…]—Eres tan genial que contigo se me olvida hasta mi jodida cojera —le dijo sonriente, mirando al suelo mientras caminaba.

—Pues apenas la veo, parece que conmigo se esconde —contestó la alta y morena profesora de inglés.

Comenzó a llover, lo suficiente para que decidiesen detenerse y resguardarse bajo un portal.

Ella lo abrazó y Saúl sintió mucha paz, parecida a la que tuvo cuando era muy pequeño y su madre le ofrecía todo su cariño.

—Mi querida profesora, aunque no sea procedente, me veo obligado a besar sus carnosos labios por unos instantes, no sea que luego sea tarde y el techo de mi habitación me recuerde el beso perdido.

Ambos unieron sus labios; duró lo que unas brisas de aire tras su paso. ¿A qué sabe un beso? No se sabe… se siente…

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