Párrafo de la novela Urracas resignadas, todo el beneficio por sus ventas salvan y curan a personas del tercer mundo.

 

 

[…] No pasaron más de unos minutos y el coche paró justo delante de la puerta principal, abrí y monté en el asiento del copiloto tan rápido como fui capaz.

En el momento que pretendí cerrar la puerta del vehículo noté como una mano me agarraba de la pierna y no me soltaba, intenté todo tipo de patadas en el aire para conseguir liberarme, pero fue inútil. El brillo de un cuchillo cerró mis ojos.

 

 

 

 

 

 

 

 


No hay comentarios hasta ahora.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada. El campo del sitio web es opcional.

COMENTARIOCOMENTARIO
Tu NombreTu Nombre
EmailEmail
WEBSITEWEBSITE