Decadente mundo de despojos,

serpientes reptan y rezan

cazan y observan, no cejan.

Alertan agitados reojos,

sacan a tiras mis sonrojos,

van y vienen a su antojo.

 

Es mi veneno en ayunas.

Me veo solo, en un desierto,

camino a camino de dunas.

Dormido o a veces despierto,

busco la verdad en tus lunas,

a riesgo de corazón abierto.

 

Me llamo Oscar aquí os espero.

Ahora nado en otro mar,

lejos y cerca, un mundo cero;

mundo oscuro para ser o estar;

noto caricias del anverso torticero,

no sé si lo volveré a traspasar.

 

Como trueno en un apagón,

de justo e inexperto dragón,

relamo mis heridas en sangre,

la de otros no la mía.

Soy una bestia sin corazón.

La venganza gana cada día.

 

 


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