Ya nació roncando, al sacarlo del vientre materno no reaccionaba, y cuando fue cacheteado en sus posaderas emitió un sonido roncador de gran potencia. Fue tal el susto del médico, cuando lo sujetaba por una de sus piernas, que produjo la desafortunada caída del pequeño Antonio recién nacido, y diese con su cabeza en el frío suelo de la sala de partos del hospital Virgen de la Guaira Rusa en la ciudad de Calatayud de Barcarrota.

Poseía gran habilidad para dormirse, lo conseguía en instantes, que apenas podían ser minutos con un margen de error de varias horas.

Emitía potentes sonidos de todo tipo, algunos han podido ser identificados por el colectivo científico, como bien puede asemejarse al del pavo real leonardo de Asia Septentrional todo a la derecha. Sería su onomatopeya tal cual así: grrrrglugluggllll o cuando encela: grruuflufugrrrrongorghojo.

A la edad de trece años y tres meses, sus padres tuvieron que aislarlo en su habitación por las noches y siestas para el descanso de los demás. Construyeron doble muro de ladrillos y en su interior cartones de huevo y cromos de fútbol.

El tío de Antonio, que era casi médico, solo le faltó cursar la carrera de medicina en la universidad de Salamanca porque la de Granada estaba más lejos de su domicilio, aconsejó un remedio para atenuar los estruendosos sonidos nocturnos roncones, tan sencillo a la par que ingenioso que no era otro que introducirle en sus fosas nasales pajitas de colores fluorescentes. La pintura fluorescente no ayudaba a atenuar sonido de ronquido alguno, pero en la oscuridad queda bonito.

Así pasó innumerables noches durmiendo con pajitas en la nariz, pero a veces sus ronquidos eran tan potentes que lanzaba las pajitas a varios metros y algunas veces acababan clavadas en la pared.

No tuvieron más remedio los padres del joven Antonio, cuando ya contaba con dieciséis años de edad, que llevarlo a la veterinaria del pueblo de la suegra del padre de Antonio, ya que tenía fama de acabar con los ronquidos de las cabras burgalesas. Después de varios ungüentos nasales e infusiones de hierbas y palos en trozos, Antonio acabó roncando en inglés, algo que despertó la curiosidad del mundo de la Ciencia y la Investigación, que como todo el mundo sabe en este país está dos calles más abajo que el mundo de la Cenicienta.

Su caso fue estudiado por prestigiosos científicos expertos en estudios roncales y varios artículos fueron publicados contado este caso en prestigiosas revistas científicas que suelen ser leídas por el que lo ha escrito y su cuñada.

La realidad fue que Antonio y su extraordinario problema fueron conocidos en todo el mundo, cuando se publicó en el periódico local la noticia que relataba que una noche fue tal el concierto de ronquidos, que atrajo la presencia de varios ovnis forasteros que anduvieron sobrevolando la ciudad en la que Antonio vivía en aquella época, Ñoña de la Mecedora, una pequeña ciudad de quinientos sesenta y cinco mil habitantes. Los extraterrestres, que eran naturales de Villafranca de los Barros, decidieron hacer una visita a la casa de Antonio. Muy atentos y algo generosos les ofrecieron incienso y mirra, todo el mundo sabe que los extraterrestres son un poco cicateros y el oro se lo guardan en la mesilla de noche.

Antonio marchó cuando contaba con veinte y seis años más a Castillo de la Gargaja, una población que limita con Portugal, para conocer a Annie Lennox y así pudiese aprender de memoria la fórmula del sweet dreams.

Annie Lennox estaba de visita en casa de su cuñada y Antonio, roncador e impulsivo enfermizo, harto de esperar, decidió casarse con la primera que pasaba por allí.

Antonio tuvo dos hijos, por suerte no heredaron la habilidad nasal de su padre, uno era cabezorro y el otro orejón.

El día de reyes a Antonio sus hijos lo llamaban el roncón de Reyes.

Tras varios años cambiando de vivienda debido a que solían ser echados de por decisión unánime de las distintas comunidades de vecinos, decidieron ir todos a vivir al campo. Pasados varios meses decidieron hacerse una casa, porque en el campo al raso no se duerme siempre bien, y a sus hijos se les metían hormigas por las narices; la mujer de Antonio temía por esto y pensaba que podían acabar roncando para echar a las hormigas y escarabajos. Por otra parte, Antonio ahuyentaba la caza y la pesca de la zona debido a sus ronquidos nocturnos, hecho este que enfadaba en gran medida a los lugareños con escopetas de perdigones.

Se construyeron una casa hecha con piedras, pajucia y adobe, así se aislaron del resto del mundo.

 

 

Tan solo recibían las visitas de algunos científicos con pretensiones de estudios nocturnos para observar y experimentar la cadencia ronconal de Antonio. Normalmente a las pocas horas de experimentos y observación acaban marchando desquiciados.

Antonio fue invitado a un espacio televisivo de nuevos talentos, drogado y dormido previa hipnosis, fue capaz de roncar de tal manera que todos los asistentes pudieron escuchar la banda sonora de la Guerra de las Galaxias.

La fama de Antonio fue tal que lo invitaban en las casas de afamados y ricachos para que les deleitase con sus conciertos roncones.

El don roncón de Antonio acabó un buen día que decidió hacer algo que hasta ese momento nunca antes había hecho, sacarse los cocos de la nariz con la uña.

 

 


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