Jeremías Sancho Roño también conocido por Cacucio Fosfero apodo que obtuvo ya a corta edad, a larga edad fue solo Cacucio.

Por las declaraciones en varios juicios por parte de familiares, amigos y conocidos de Jeremías (alias Cacucio Fosfero) sabemos que desde muy niño Jeremías tenía un don especial para comunicarse con todo tipo de animales. Una comunicación no verbal y gestual, con la que llegaba a conseguir que, de una manera extraordinaria, los animales realizasen cosas impensables.

Fue conocido por todos en los años ochenta, al aparecer en el famoso espacio televisivo Estudio Directo conducido por el famoso presentador José María Iribartogumea, natural de Jaén. En aquel programa ofrecido para toda España en horario de máxima audiencia al que fue invitado gracias, como luego se supo, a un cámara de televisión que conocía al padre de Cacucio y pudo ver las habilidades de Jeremías Cacucio. Jeremías entonces contaba con trece años de edad y deleitó a todos los espectadores y a los allí presentes con un raro show, después de hablar durante varios minutos con dos perros de raza chucha, los dos canes comenzaron uno de ellos a barrer y el otro a fregar el estudio, aquello dejó boquiabiertos a todos los asistentes y sobre todo a la mujer de la limpieza. Al poco tiempo fue despedida y contrataron a los dos perros.

 

La fama del muchacho fue tal a raíz de su intervención en el afamado espacio televisivo, que no paraban de requerir su presencia en otros programas, y gente de alta alcurnia y postín solicitaba sus servicios para que entrenase a sus mascotas para realizar todo tipo de tareas. El padre de Jeremías lo apartó durante un tiempo de aquel sórdido mundo para que se concentrase en los estudios.

Al cumplir los dieciocho años de edad Jeremías decide dedicarse profesionalmente bajo el nombre artístico, como no podía ser de otro modo, de Cacucio Fosfero. Su padre, en sus primeros años hizo de manager, en los momentos de ebriedad. Dos años después Cacucio lo despidió.

Pasaron varios años en los que Cacucio era contratado para las fiestas populares de los pueblos. Fue en estos años cuando ocurrieron los hechos nunca probados. Se rumoreaba que a instancias de Cacucio Fosfero unos gatos arañaron la cara y casi consiguen que perdiese un ojo el concejal de festejos de Villacalzada de la Rumia como represalia a la falta de pago por parte del Ayuntamiento de la mencionada localidad a Cacucio, como compensación económica por una de sus actuaciones en las fiestas patronales del verano de 1989.

Cacucio cansado de la vida nómada, de pueblo en pueblo ofreciendo todo tipo de espectáculos con animales, decide fijar su residencia en Navalcarnero de Tortilla y montar una academia para adiestrar a todo tipo de animales e incluso preparar oposiciones para inspectores de Hacienda. Fue conocido por todos, la noticia de que un perro llamado Salustiano (pastor alemán belga cruzado con chucho marroquí) al servicio de Don Emiliano Serrano “el cortijero”, pasó por su academia y obtuvo la plaza de inspector de Hacienda, fue destinado a la Agencia tributaria de Mérida.

En el año 2000, Cacucio, obtuvo el Premio Nacional de Adiestradores por su labor en el adiestramiento de conejos camperos para voluntarios en labores de extinción de incendios. Tan solo murieron dos conejos de los veintitrés que fueron adiestrados para tales menesteres. A los fallecidos e incansables conejos se les honró con un funeral oficializado por el alcalde de la localidad Gamuza del Puerto, lugar donde sufrieron setenta y siete incendios en el verano de 1999, muchos sofocados gracias a estos audaces conejos a base de manguerazos y meos.

 

 

Conocido también fue el hecho que se publicó en la prestigiosa revista de divulgación científica la Cazuela Incandescente, en su número de enero de 2003, otro de los grandes logros de Cacucio Fosfero. Consiguió que cuatro lagartijas condujesen pequeños triciclos por un recorrido diseñado para tal experimento. Excepto una de las lagartijas, que luego se comprobó padecía vista cansada, todas las demás respetaban los semáforos en rojo y demás señales de tráfico que se había colocado en la maqueta recorrido.

La mayor hazaña de adiestramiento animal la consiguió Cacucio Fosfero a la edad de treinta y siete años, fue cuando logra, tras diez meses de duro entrenamiento, que un rodaballo montase a caballo con tal pericia que le hace ganar la prestigiosa competición de las Cien Millas Hípicas de Indianapolis de la Mitación. Aquello impactó de tal manera a la opinión pública que se hablaba de ello en todos los mentideros de radio y televisión, incluso en el prestigioso programa televisivo de divulgación científica Sálvame Melón.

Los problemas surgieron en el verano de 2010 cuando el rico y afamado Pedro Pantojo, el marqués de Zarragachuelo contrató los servicios de Cacucio Fosfero para que adiestrase a su querido a Pancho, un aguilucho algo atontado para que le llevase la contabilidad de sus negocios más personales. Cacucio que en un principio se negó por no saber contabilidad cambió de opinión al ver la billetera del marqués. Después de más de siete largos meses de formación, Pancho el aguilucho, no solo aprendió a llevar los asuntos contables del marques, sino que un buen día desapareció robándole más de tres millones de euros a través de ingeniería financiera que conoció a través de tutoriales grabados por sudamericanos en youturbo.

Pedro Pantojo, al no dar con el paradero de Pancho, luego culpó a Cacucio de estar compinchado con su pupilo y le demandó cuarenta y cinco veces.

Con la ayuda de su dinero y carente de escrúpulos el marqués lo dejó totalmente en la ruina a Cacucio.

Cacucio, después de varios años viviendo como indigente en las playas de Málaga. Era habitual verle enterrado hasta el cuello en la arena y hablando con las gaviotas. Decidió volver a su pueblo natal y se colgó de un olivo.

 

 

Se comentó por los lugareños, hecho que nunca pudo ser probado, que fue ayudado por una vieja mula de la que siempre se comentó fue su amor de juventud.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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