El primer domingo del invierno amaneció frío, el cielo, sin apenas nubes, ofrecía a todos un azul intenso.

– ¡La tenemos! – Es lo que está escrito en un pequeño papel arrugado que venía enrollado en una de las patas de una paloma bien adiestrada que acaba de posarse en la ventana. El paciente, ataviado con su nuevo batín color burdeos que amablemente la había regalado Jerónimo días atrás, coge suavemente a la paloma que le había traído buenas noticias, y con mucho cuidado, después de haberle quitado la nota apoyándose en el alféizar exterior de la ventana, la invita a salir para que de nuevo emprenda el vuelo.

Al volver a ver la nota, de espaldas al espejo, antes de quemarla, sonríe al comprobar de nuevo que viene sellada, puede ver el símbolo de la Hermandad. Ya no está solo, vuelve a contar con el apoyo de sus hermanos de siempre, los mismos que en el pasado hicieron que fuese desterrado por enamorarse y perder la cabeza.

Años de suplicas y ruegos para que volviesen a confiar en él por fin dieron sus frutos, ahora que saben dónde está ella.

– “Comienza el juego” – Piensa Hugo mientras cierra la ventana al notar que el aire gélido de la mañana está haciendo mella en sus fríos huesos.

 

 

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Contando con todas las medidas de máxima seguridad y discreción todos los agentes del gobierno, que trabajan en el proyecto secreto Vida 8 para el Ministerio, han sido convocados en una reunión extraordinaria.

El nuevo jefe de proyecto que ocupa el lugar de su antecesor muerto en extrañas circunstancias, aún sin averiguar la causa por los médicos forenses, preside la gran mesa ovalada de la sala de reuniones.

– Señores veo que estamos todos y no falta nadie. Ya saben ustedes que manejan información sensible y absolutamente confidencial. Deben prestarme ahora mucha atención, ayer estuve reunido con el presidente y el ministro…- antes de seguir hablando suena un zumbido que todos pueden escuchar, coge el teléfono de su chaqueta lo mira durante unos instantes y a continuación les dice a sus subordinados:

– Me van a tener que disculpar he de salir un momento por un asunto que no puedo eludir no tardaré. Señor Barcos, en mi ausencia, ponga en situación al resto sobre los nuevos avances en el caso que nos ocupa.

Muy serio y algo nervioso, Pedro Pardo, de mediana estatura con algunos kilos de más y algo escaso de cabello, el nuevo jefe de proyecto designado directamente por el propio ministro del interior, sale con paso rápido de la sala de reuniones en dirección a los ascensores.

Baja hasta la salida del edificio y un vehículo oscuro lo está esperando en la misma entrada, se adentra en el interior del coche por la parte trasera y emprenden la marcha dirección sur por las amplias avenidas.

Carlos Barco, experto informático encargado de manejar cifras y al mando de la gestión de toda la documentación del caso, comenzó detallar las últimas noticias y averiguaciones.

– Bien, lo más destacable que os puedo comentar es que nuestra querida Yolanda Blázquez la hemos vuelto a perder, ahora está en manos de la Hermandad Pinceau Vermillon, es una poderosa organización que lleva operando a su antojo por todo el mundo desde tiempos inmemoriales. Disponen de muchos recursos de todo tipo y tienen en plantilla a gente muy poderosa…

A los pocos minutos por las salidas de ventilación un gas invisible penetra en la sala, un fuerte olor a amoníaco es percibido por todos los asistentes.

Al principio entraron en un sueño profundo y al poco tiempo el corazón de todos y cada uno de ellos dejó de bombear causando un paro cardiorrespiratorio y por consiguiente la muerte de todos los allí presentes.

 

 

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Jerónimo, como otras tantas mañanas entra en la habitación del único huésped de la casa.

– Amigo Jerónimo permítame que le ofrezca otra de mis infusiones, ésta es nueva ya verá como le reconforta. Además hoy es domingo, no es día para trabajos y trajines siéntese por favor.

Jerónimo obediente se sienta en la vieja silla de invitados y sostiene la taza que Hugo le había ofrecido.

Apenas había dado un sorbo a la infusión que tiene un dulce sabor, oye un fuerte golpe tras el espejo y lo que parece el disparo hecho por un arma con silenciador.

Ve cómo el espejo cristal, que separa la habitación, donde durante varios años han estado observando al inquilino de la otra habitación habilitada para un enfermo especial, se resquebraja.

 

 

 


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