BASADO EN HECHOS REALES

Capítulo 1

Después de infructuosas investigaciones sobre el terreno, como luego me aventuraré a narrar con la mayor exactitud posible gracias todas mis notas, para averiguar cómo ocurrió realmente esta asombrosa historia, no llegué a ninguna parte que me aclarase lo realmente ocurrido. No encontré algo que se pudiese aproximar a un punto de partida para al menos tener alguna hipótesis de esas que a mí tanto me gusta elaborar.

Hasta hoy, que de una manera extraordinaria me ha sido revelado, pero que aun no puedo contarles a ustedes lectores mi fuente, porque sigo en estado de shock y debo poner en orden mis ideas.

 

EL MAYOR GILOLMO

El mayor del ejército albanes Agim Gilolmo aquel día se levantó, y permaneció de pie durante varios minutos con la mirada perdida delante de la ventana de la habitación. Apenas habló durante el desayuno, le dio un frio beso en la mejilla a Luljeta, su mujer, y otro a su hija Lule, salió por la puerta de su casa tirando hacia abajo con firmeza de la chaqueta de su verde uniforme y se adentró en su coche en dirección a su trabajo, hacia la base aérea de Gjadër, al noroeste de Albania. Allí se encuentra un viejo y enorme bunker cavado en la montaña que sirve como hangares, al pie de esta montaña se construyó una pista de aterrizaje, el bunker es alargado y con forma de U, la entrada al soterramiento se encuentra al final de la pista y la salida al principio. En estos hangares todavía se encuentran estacionados toda una colección de antiguos aviones a reacción de fabricación china, denominados Shenyang y Chengdu, imitación de los Mig soviéticos de los años sesenta, muy bien conservados y otro aparato volador… una nave extraterrestre.

 

 

 

Los trabajos de investigación continuaban en punto muerto, apenas quedaban recursos científicos asignados a aquel proyecto. La financiación que el gobierno de los Estados Unidos les proporcionaba para este proyecto se había reducido muy considerablemente.  Trabajaban tan solo en las instalaciones tres científicos y un ayudante, junto al resto de los militares que iban rotando por meses. Continuaban con los trabajos de investigación intentando descifrar los códigos con toda una serie de algoritmos.Estos códigos aparecían en los distintos lugares localizados del casco de aquella nave, que seguía inexpugnable durante más de 25 años, desde que cayó del cielo. No habían conseguido aún acceder al interior.

Aquellos científicos aún albergaban la posibilidad de conseguir abrir la nave y acceder a su interior, si conseguían descifrar los signos que aparecían por diversos lugares de la nave extraterrestre.

Ya se intentó en varias ocasiones con rayos láser y cargas explosivas conseguir abrir lo que debía ser la puerta de acceso sin obtener ningún resultado.

Agim Gilolmo acudió a su oficia, dentro del hangar, saludó con la mirada ausente a su ayudante el Teniente Besnik. Besnik Ivaylov, apenas llevaba dos meses trabajando con su superior por lo que no pudo apreciar nada raro aquella mañana de abril, no lo conocía todavía lo suficiente como para haber observado que su comportamiento era fuera de lo habitual ese día.

El mayor salió de su oficina, una vez había dejado su maletín encima de la mesa de su despacho, y se dirigió hacia la puerta que daba acceso al interior del hangar, introdujo el código de seguridad en el teclado numérico situado en la parte derecha de la puerta y ésta se abrió.

Con paso firme y la mirada totalmente pérdida caminó hacia el lugar en el que se encontraba la nave espacial que llevaba más de 25 años allí estacionada, objeto de todo tipo de estudios sin conclusiones relevantes.

Casi nadie en principio se percató de que el mayor Agim Gilolmo se aproximó a las inmediaciones de la nave. Se acercaba con paso firme, con la mirada ausente, más parecido al andar de un sonámbulo. Se acercó a la nave extraterrestre a la zona del fuselaje y tocó una placa oculta entre dos uniones de la parte inferior del casco de la nave. La nave de repente abrió una compuerta en la zona lateral derecha justo donde manipulaba Gilolmo.Se oyó un ruido parecido al que produce una olla sometida a mucha presión cuando se abre, lo que alertó al resto de personal que trabajaba cerca de la zona donde estaba estacionada la nave, pero no pudieron impedir que el teniente coronel accediese al interior.

Un oficial del ejército sin conocimientos, ni datos científicos, en un momento descifró la clave de acceso a aquella nave espacial, que llevaban investigando durante más de 25 años precisamente para intentar acceder a su interior, y descubrir todos sus misterios y tecnología.

La voz de alarma hizo que todo el mundo corriese de un lado a otro, el ayudante de Gilolmo informó por teléfono a sus superiores de lo que estaba sucediendo.

La nave comenzó a levitar, un zumbido retumbaba en todo el hangar y antes de que los soldados que corrían hacia el interior del hangar pudiesen detenerla, la nave espacial realizó una extraña maniobra y salió a toda velocidad por encima de sus cabezas alejándose en cuestión de segundos del lugar en la que estuvo más de 25 años encerrada.

La noticia no se hizo esperar en el Pentágono, toda la maquinaria militar de los EEUU estaba en alerta máxima. La nave espacial objeto de estudio, que les había costado millones de dólares durante los últimos 25 años, había desaparecido sin dejar rastro de aquella base aérea que en otro tiempo sirvió como base de operaciones al servicios de la CIA.

Varios cazas albaneses salieron a toda prisa a surcar los cielos en la búsqueda desesperada de la nave espacial pilotada por el mayor Gilolmo, un traidor a su patria, lo que provocaba aún más irritación al gobierno albanés. No consiguieron darle alcance, había desaparecido, el cielo se los había tragado a la nave y su piloto.

La nave extraterrestre primeramente se dirigió hacia el oeste, rumbo a Múnich, en poco tiempo sobrevolaba la capital bávara, solo necesitó unos pocos segundos para, según pasaba por encima de un edificio en el centro de la ciudad, donde se encontraba un piso franco utilizado por la CIA, escanear y copiar cierta información ubicada en un ordenador portátil conectado a la red, propiedad del agente de la CIA Michael Goodward.

El piloto del avión de pasajeros Airbus A-310 con destino a Bombay, procedente de la ciudad de Munich, llamó a la torre de control del aeropuerto de Múnich-Franz Josef Strauss, alertando del avistamiento de un objeto no identificado, que había pasado muy cerca de ellos a una gran velocidad, realizando movimientos poco convencionales y con gran rapidez.Movimientos nunca visto con anterioridad por el piloto a ningún otro aparato volador, así se los estaba describiendo al controlador aéreo Hans Esterhas, de la misma manera que luego se lo contó a sus superiores e incluso al propio ministro de defensa.

Hans miraba en sus monitores y no veía nada aparte de la señal del Airbus A-310, los radares no captaban ningún otro aparato en el cielo cerca del avistamiento.

El mayor Gilolmo seguía su camino, conducía aquella nave que no era de este mundo, con una pericia y experiencia impropia para alguien que nunca antes había pilotado un aparato igual. Sentado en el asiento plateado frío, muy brillante y pulido, con la mirada ausente como si estuviese en una especia de trance o ensoñación, apenas pestañeaba mientras surcaba los cielos a una gran velocidad con destino a tierras de oriente. El cuadro de mandos estaba compuesto por varios botones con forma cuadrada, estos tenían relieves que formaban extraños signos, los signos se iluminaban y se apagaban lenta y constantemente. Gilolmo apoyaba ambas manos en el centro del extraño salpicadero, de alguna manera aquella nave y su mente estaban conectadas, y la hacía maniobrar, subir, bajar o girar con una precisión milimétrica. Las pequeñas ventanas frontales, por las que apenas entraba el sol que iluminaba el pequeño habitáculo del piloto, servían a Gilolmo para observar el cielo sobre las nubes.

Al norte de Irak, las tropas iraquíes estaban arrebatando el control de Mosul al ejército del Daesh. Esa mañana huían de Mosul más de 100 hombres del ejército islámico, un convoy de más de 70 vehículos conducidos por inocentes, en muchos de ellos viajaban también niños y mujeres, que habían sido raptados para servir como escudos humanos.

Los militares radicales ocupaban los asientos traseros para apuntar con sus armas a los civiles que  hacían de chófer y así tener el control de la situación.

Cuando apenas levaban dos kilómetros recorridos desde la salida de la ciudad ocurrió algo totalmente inesperado. El convoy paró de repente, los conductores y el resto de ocupantes  salieron gritando, los niños lloraban y sus madres los abrazaban entre gritos y sollozos. Estaban totalmente desconcertados, los terroristas no salían de los vehículos. Estaban cubiertos de sangre, vísceras y  trozos de carne humana, los despiadados militares del ejército radical islámico habían muerto todos, sus cuerpos habían reventado, manchando al resto de los viajeros. El interior de los vehículos se cubrieron de todo tipo de vísceras y restos humanos ensangrentados, semejante a lo que ocurre en el interior de un horno microondas cuando un alimento se calienta en exceso y explota. Los inocentes civiles secuestrados estaban todos vivos, no se explicaban que les había sucedido, algo les había atacado de una manera selectiva, y había acabado con la vida, de una manera atroz, de los integrantes del grupo terrorista.

Gilolmo giró su nave a gran velocidad de regreso a Albania, había cumplido su misión.

 

 

 

 

 

 


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