De nuevo mis pies tras mi pensamientos,

embebido estaba, no me percaté.

Los libros, las palabras habían vuelto a perder;

por el suelo esparcidas, las rescaté.

A veces los libros de mis estantes no son ni están.

A golpe de viento se remueven y pierden palabras.

Las letras caen formando otros términos,

no suenan al golpear el mármol como los céntimos,

será por eso que a veces no me doy cuenta.

Las barro, junto a despojos y acaban palabras y lo lamentan.

Las que veo justo cuando presto atención.

Recojo las letras que los libros no quieren,

desde una hache junto a una A y otra la sargenta.

Letras y letras a lo largo de años vinieren

a la cárcel del vago que no canta canción.

 


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