1. DIARIO DE RUTA (PROYECTO SAIRUS 7)

 

Jornada 1.678.  El capitán Recuredo nos advierte que en breves momentos podremos contemplar las Lunas de Villaltury, en medio de toda aquella inmensidad y silencio que forma el espacio dentro de mil universos.

 

 

 

Nos vemos en fase de ingravidez mientras se ajusta de nuevo el estabilizador de gravedad. Fernando se mueve a través de la ingravidez para acercarse a la ventana lateral. Se impulsa gracias a sonoras y potentes ventosidades ayudándose con brazadas a modo de pato mareado. Él lo denominaba peopropurzión. Nos solía comentar que es un anglicismo, pero el término realmente es originario de su pueblo natal, San Juan del Puerto.

Han pasado dos semanas, contadas con tiempo terrestre, desde que despertamos y acabamos con nuestro sueño inducido.

Veo a Diego que aprovecha cualquier momento de asueto para beberse los líquidos con alguna pequeña graduación alcohólica. Sabe que Recuredo si lo ve le llamará al orden, por eso lo suele hacer a escondidas en la cámara 13 donde suele existir poca vida.

Hace acto de presencia el teniente Francisco, al que apodan sus adláteres como Franciscocho, en un principio se molestaba, pero luego le fue haciendo gracia y se acostumbró; para así evitar más bromas ignoraba a los graciosos de sus subordinados. El origen de tan curioso apodo puede estar en su afición de pequeño por zampar demasiados bizcochos que su abuela le preparaba cada vez que la visitaba por navidades, otros dicen que es porque su número favorito es el ocho y lo llevaba con orgullo en su camiseta de fútbol.

Yo cada día estoy más apesadumbrado, necesito algo de emotivar, al fin y al cabo, otra droga que nos la facilita el equipo médico para evitar estados depresivos; debemos mantener el nivel de actitud alto para nuestro cometido en esta misión.

Voy a la sala azul donde normalmente trabaja Sonia, la guapa y cariñosa enfermera.

– Sonia me alegra verte – le digo mientras me acerco sonriendo, la estrecho entre mis brazos y la beso en los labios varias veces, termino por mordisquear suavemente su labio inferior a la vez que sujeto su bonito trasero con mi mano derecha, sus anchos pantalones de fibra seca ocultan un estupendo y hermoso culo de pera, otro palabreo propio de nuestra juventud que yo me negaba a perder en la desmemoria.

– Cierra la puerta so capullo – me dice nerviosa y me devuelve tres besos que yo le había dejado el día antes. Me pegó en mi frente con goma de mascar la nota escrita a mano que le metí, en un descuido por su parte, en uno de sus bolsillos. En el pequeño papel escribí: Tres besos te esperan en mí room pasa a recogerlos… no lo hizo.

Aprieto el botón de cierre para que la sala quede sellada y a salvo de miradas de alcahuetes que ya conocen nuestros encuentros tórridos.

El aire artificial parecía cada vez más espeso y cálido. En la mesa de trabajo nos apoyamos uno junto al otro, pocos minutos después acabamos desnudos, yo encima de ella acariciando cada centímetro de sus caderas mientras su sexo y el mío coincidían en nuestro particular espacio, para acabar penetrándola con mucho cuidado, despacio, buscando esa cadencia placentera que la hace gemir hasta la extenuación; mi lengua roza sus pezones y sube hasta el cuello junto a su oreja, sé que aumenta aún más su alto grado de excitación.

De repente nos paralizamos, justo un orgasmo la hizo gritar. La sirena de alarma cruza por encima de nuestras cabezas, las luces rojas se iluminan y el resto se apagaron. El ruido de la alarma penetra en tu mente como una aguja que taladra tu cerebro y no te deja pensar, hasta que pasados unos minutos reaccionas. Nos vestimos a toda prisa sin saber qué está ocurriendo…

Los pasillos más fríos de lo acostumbrado olían de manera desagradable, no reconocía aquel fétido hedor, miré hacia atrás mientras caminaba a toda prisa, el rostro de Sonia no era el de la mujer fría, tranquila y segura al que me tenía acostumbrado.

Nos dirigimos a la sala de mando, a medida que nos íbamos acercando el ruido de golpes era cada vez mayor, un sonido al que nuestros oídos no estaban acostumbrados. Inusitados golpes sordos venidos del oscuro exterior, normalmente silencioso, en el infinito espacio que rodeaba nuestro viaje.

Gritábamos a cada paso buscando al resto de la tripulación sin oír respuesta alguna, ninguna voz humana. Los golpes continuaban haciéndose cada vez más constantes y rápidos lo que aceleraba nuestro corazón de manera frenética.

Sonia gritó de repente como nunca antes la había escuchado, cayó de espaldas y se arrastraba hacia atrás, su rostro mostraba el horror a causa de la visión que estaba contemplando, seguía gritando, sin apartar la vista hacia una de las ventanas laterales en el último pasillo por el que nos adentramos en dirección a la sala de mandos en la que esperábamos encontrar al resto de nuestros compañeros de viaje.

 

 

No di media vuelta y caminé para averiguar que estaba viendo Sonia. Me encuentro justo en la entrada principal de la sala de mandos y control de la nave, permanezco quieto, petrificado, y una sensación de miedo, en un primer instante me invade, para pasar, en cuestión de segundos, a una paz interior y tranquilidad mezclada con euforia, sensación mil veces mayor a la que experimentaba cuando me había tomado alguna pastilla de más de emotivar.

Una luz blanca penetra desde el exterior, lo inunda todo en aquella gran sala de iluminados paneles blancos. Destellos de aparatos de medición, transmisión, codificación e información se reflejan en mi iris. Caigo de rodillas suavemente sin darme cuenta y mis brazos se alzan formando una cruz, no controlo mi cuerpo.

 

 

Oigo con lejanía a Sonia que continúa gritando horrorizada, para después sollozar…

 

Mi querida lectora/ lector o lector/lectora, vaya usted a saber qué extrañas visiones han tenido ambos personajes de este pequeño relato, que a uno le causa un gran horror y al otro la mayor paz y euforia.

Que cada uno saque sus propias conclusiones y me lo haga saber, muchas gracias por su tiempo.

 

 


02 comentarios
  • Siempre es un placer leer todo lo que sale de Tí.
    Transportas al lector a otros mundos, otras dimensiones, universos lejanos o cercanos que te elevan sabiendo que la caída será dulce y calida… Gracias Mario Gragera Jariego, no dejes nunca de escribir…

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