– Don Fermín, nada de nada. Hemos peinado y lavado la zona de la finca de Jacinto Servales y no hemos encontrado rastro ni prueba, ni indicio alguno, ni una mala colilla, ni perrito que nos hable don Fermín – el cabo Miranda escopeta al hombro se presenta para dar los resultados de las pesquisas sobre el terreno, el parte de las actuaciones realizadas por un grupo de tres guardias de la Benemérita bajo el mando del teniente de la guardia civil Fermín Recio Castro.

La Guardia Civil de Benchite de Joroba está totalmente desconcertada ante la serie de acontecimientos acaecidos en la madrugada del sábado 16 de enero.

 

 

xxxxxxx

 

Rodrigo abrió el café bar que heredó de su abuelo, siguiendo así con el negocio ya contando más de sesenta años en los que se dio, y se sigue dando, de comer y beber a las gentes del pueblo y algunos alrededores.

A las siete de la mañana como todos los domingos las puertas del establecimiento abren hacia la plaza, para ofrecer desayuno a los parroquianos madrugadores que no eran pocos. Ese día, al poco tiempo, después del aire frío que se adentró silbando, comenzaron a remolinarse junto a la parte esquinada de la barra del bar tres de los habituales.

– Que sí, que lo han encontrao cogao de un pie, to lleno sangre y con papel del váter en las narices. Que me lo ha dicho mi cuñao que conoce al cabo, ¡coño hacedme caso, hostias! – Marcelino siempre con el moflete rojizo y no menos roja su congestionada y prominente nariz, mueve su cabeza de arriba abajo, el puño a media altura, excitado con sus explicaciones, entre el bullicio de los tres, más que sobresaltados, clientes de Rodrigo, que a su vez intenta poner algo de paz y calma ante el vocerío, resultado de la conversación.

– Bueno haya paz y cuántos cafés os pongo que las tostadas ya las tengo bien calientes… más que los sesos de alguno – alza la voz Rodrigo sin conseguir frenar la algazara allí originada a causa del muerto aparecido en el pajar de Julián Sanchez. El muerto no era otro que Juan Ávila Martínez un “pobre diablo” como se repitió en varias ocasiones en conversaciones de unos y otros.

Juan el fallecido en extrañas circunstancias apenas había cumplido la treintena joven de mal vivir, más tiempo en bares que en casa de su hermana lugar donde residía. Cuando se hacía de algo de dinero, gracias a su tío Ramiro, siempre que había faena le ofrecía algún trabajo, era habitual verle agarrado a la botella en cualquier esquina. El malogrado Juan no fue precisamente un joven hombre inteligente y sensato, más bien todo lo contrario, Dejó la escuela siendo muy niño y normalmente andaba entre trifulcas y peleas consecuencia de las escasas luces que tan poco alumbraban su atontada y atolondrada cabeza.

 

xxxxxxxx

 

– Ya está aquí el forense y la científica señor – el cabo Miranda informa a su superior, circunspecto, mirando a todos lados esperando ser él quien encuentre cualquier cosa, alguna pista que arroje luz a un caso tan extraño.

– Sí, por lo menos que nos quiten la visión macabra y lo descuelguen al pobre desgraciado, nunca tuvo suerte el muchacho – dijo esto moviendo la cabeza de un lado a otro, serio y cabizbajo, Fermín Recio el teniente de la Guardia Civil al servicio de la población Benchite de Joroba, un pequeño pueblo donde la vida de sus habitantes transcurría casi siempre tranquila a excepción de contadas trifulcas por asuntos de tierras, pequeños hurtos, o peleas de bar.

 

 

 

Ahora el cadáver ensangrentado de un joven colgado de un pie, boca abajo, atado con una cuerda a una viga del techo de un viejo pajar a las afueras, tiene a todas las gentes de aquel tranquilo municipio nerviosas y alteradas.

 

 


No hay comentarios hasta ahora.

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada. El campo del sitio web es opcional.

COMENTARIOCOMENTARIO
Tu NombreTu Nombre
EmailEmail
WEBSITEWEBSITE