Vicente se sienta nervioso ante la sicóloga.
 
Laura Sainz, su sicóloga privada, le invita a seguir con la conversación que dejaron algo a medias en la ultima sesión.
 
Después de varios minutos en silencio Vicente decide hablar, necesita liberar la tensión, rebajar la ansiedad verbalizando su aflicción.
 
– Soy un hombre atrapado en el cuerpo de un hombre.
 
– De un tiempo a esta parte esto me ha ocasionado ciertas angustias.
 
– Tego miedo a expresarme con la libertad de antaño sin miedo a que alguien con poca profundidad de pensamiento tergiverse mis palabras y piense que ofendo al sexo opuesto.
 
– Tengo miedo a ir solo por la calle pasadas las once de la noche, no sea que alguien piense que estoy al acecho de alguna víctima para acosarla y lo que es peor acabar por violarla.
 
– Tengo miedo a mostrarme como en realidad soy ante determinada gente y así evitar malos entendidos, evitar algunas, antes inocentes, bromas que ahora pueden interpretarse como maltrato sicológico o menosprecio.
 
– Tengo terror a que alguien me etiquete, debido a una «equivocación» por ser hombre y me denuncie a la policía inventando malos tratos, acabando así en los calabozos de inmediato, siendo inocente.
 
De nuevo el silencio se hace el dueño del despacho de la sicóloga. ella termina de escribir en su pequeño cuaderno y se dirige en estos términos a su paciente de las once:
 
– Vicente debes pensar que naciste y creciste hombre, aceptarte tal y como eres. Vamos a trabajar para que en la medida de los posible abandones esos miedos ocasionados por factores externos, equívocos de otros ignorantes con falta de sentido y sensibilidad. Tu inteligencia emocional esta a un buen nivel como para desarrollar muros de contención ante estos ataques provenientes de lugares a evitar, que te provocan esas derrotas en tu consciente.

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