La vida de este gran artista no fue fácil, ni difícil (mucho se quejaba y no era para tanto). Nació en la población de Canalón del Rabo provincia de Jaén. No se tienen muchos datos de su niñez, salvo un boletín de notas de cuando cursaba cuarto de lo que entonces se denominaba Educación General Básica. No era buen estudiante tan solo solía aprobar las materias de educación física, geografía y trabajos manuales.

Se conoció, por lo que contaron los lugareños, que mientras sus padres se manifestaban aprovechando una manifestación, que no procesión de la Virgen, eso fue tres calles más atrás, que les cogió de camino a casa, reivindicando mejoras para los agricultores de la zona, su hijo (que por aquellos entonces contaba con trece años de edad) no hacía otra cosa que bailar las canciones de José Luis Rodríguez “el Puma” que uno de los manifestantes hacía sonar en un aparato radio cassette que llevaba al hombro.

Años posteriores su madre dio a conocer en una revista del corazón que de pequeño su hijo Raimondo le cogía sus fajas del cajón de la cómoda, y se las colocaba junto con medias de color bermellón desteñido y bailaba mirándose al espejo, pero sus movimientos solían ser torpes (según la opinión materna), debido a no llevar el calzado adecuado, pues danzaba con las botas militares de su abuelo que le quedaban algo grandes, por lo que los intentos de realizar movimientos de cisne se convertían en los de pato mareado.

Raimondo, con no pocas dosis de tenacidad, consiguió convencer a sus padres para que le pagasen las clases de danza en la academia de Dolores, conocida en el barrio por Lola “la garbosa”. Tenía fama de exigente y experta en la materia, además de manejarse bien con el horno cocinando pimientos rellenos. Los pimientos que le sobraban, y ni sus gatos querían, luego los utilizaba para tirárselos a la cara de sus alumnos, al más mínimo fallo en el quehacer danzarín.

Raimondo, después de varios años, que a sus padres le parecieron ciento cincuenta, consiguió un nivel muy bueno en el arte de la danza y habilidad suficiente para atrapar pimientos al vuelo.

 

 

A la edad de veintidós años consiguió, tras varias pruebas, entrar a trabajar en la compañía de danza municipal de la ciudad Lorzas Bajas. Los principios fueron duros ya que sus primeras responsabilidades no fueron más que pequeños papeles en las actuaciones que se representaban en las fiestas patronales veraniegas, y a veces, sí tenían éxito de público o no eran agredidos por algún rústico concurrente ebrio, hacían giras por toda la comarca representando la obra en cartel.

Su gran oportunidad le llegó a causa de que todos los bailarines sufrieron un accidente al romperse el escenario en pleno ensayo una tarde cualquiera y no otra. Siempre se sospechó de Raimondo al que, justo haberse producido el accidente, lo vieron con un serrucho en la mano.

A causa del incidente, accidente indecente, Rainmondo tuvo la oportunidad de actuar en solitario en varias representaciones, con la suerte añadida de contar con la presencia entre el público del administrador de la empresa Chorizos y Chacinas Pellica Linda S.L, hombre de gran sensibilidad y kilos de más. Quedó gratamente impresionado con la actuación de Raimondo y acto seguido llamó a su amigo Leopoldo Tiesas, importante representante de artistas y productor de espectáculos musicales, al que le habló de las virtudes bailongas de Raimondo.

Leopoldo Llamó al joven Raimondo para que le hiciese una demostración en el salón de su casa y quedó impresionado por el arte bailarín del joven. Después de beberse una botella de whisky fue al teatro Real de Ciudad Real y convenció al director para que le ofreciese una oportunidad al joven talentosos. Leopoldo era el mayor financiador de aquel espectáculo, hecho este, unido a sus amenazas empuñando la pistola que solía llevar en el bolsillo de la chaqueta, por lo que consigue que el director acceda a darle un papel de cierta relevancia en el espectáculo de baile que estaban ensayando durante semanas y unas horas.

La noche del estreno Rimondo estuvo casi perfecto, fue capaz de realizar tosas las cabriolas, saltos y movimientos que tan bien pudo ensayar en apenas tres días y medio del otro. El público, totalmente entregado al espectáculo, aplaudió a rabiar, y algunos enfervorecidos mordieron los respaldos de los asientos.

 

 

La crítica en la prensa se hizo notar, para unos, notable actuación, y para otros, sobresaliente. No dudaron en destacar la actuación de la nueva promesa del baile como así o calificaron al joven Raimondo.

Desde aquel momento no pararon de llover ofertas para todo tipo de actuaciones. Recorrió durante años las salas de teatros, y espectáculos improvisados como gallineros y pajares de toda la geografía nacional e internacional.

Su fama fue tal que se le galardonó con el primer premio en la prestigiosa gala de los premios Torcuato Ñordero. Premio que se concede todos los años a los más destacados artistas de circo, baile, canto y adiestramiento de perros chihuahuas.

De éxito en éxito y tiro porque me toca Raimondo llegó a trabajar en la ilustre sala de teatro Monchito de Madrid, fue primer bailarín del espectáculo y en los descansos vendía pipas a los espectadores.

La carrera del bailarín se truncó de repente al sufrir un aparatoso accidente, mientras recogía una peseta del suelo en la entrada al teatro cuando daba el cambio a un asistente pipero; hecho que le hizo tropezar con los escalones que conducían a la platea. Raimondo recibió un golpe tan fuerte en su cabeza que lo dejó lelo y medio cojo para el resto de sus días, acabando así su exitosa carrera en el mundo de la danza contemporánea.

 

 


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