En la primavera de 1967 nació pesando tres kilos y setecientos gramos, en la casa de sus padres, Servando Sauco; así lo escribieron en el viejo cuaderno de anotaciones de partos de la casa. Servando fue el tercero por debajo de los siete hijos que sus padres decidieron, unas veces sí y otras no, traer a este mundo.

En el acta de reuniones de la asociación de parturientas de Villacálvaro del Rucio, lugar de nacimiento de Servando, se recoge que el parto fue normal, lo anormal fue encontrarlo al bebé con el pañal en la cabeza y entretenido con una pequeña llave para abrir buzón, con la que jugaba al introducírsela en sus pequeñas fosas nasales.

Tuvo una infancia normal. Según cuentan sus padres, a la edad de cinco años y siete meses, ya arreglaba la única bicicleta que el resto de hijos y por tanto hermanos suyos (que todo hay que explicarlo debidamente) usaban para ir al colegio.

Ya con doce años, y siendo de noche, decidió hacer uso del pajar de su padre como lugar para hacer reparaciones de bicicletas y triciclos. Por estos arreglos, en principio, solo pedía a cambio golosinas y bolindres de colores. Su padre Remigio al comprobar que cada vez tenía más clientela, después de asomar la cabeza varias veces seguidas al interior del pajar en plena faena, decidió cobrar dinero por estos servicios reparatorios; dinero que nunca llegó a ver el bueno y habilidoso de Servando.

 

 

La habilidad de Servando no parecía tener limitaciones. Una mañana de primavera, contando ya con quince años y veintitrés meses, Servando recibió la visita del joven Marqués de la M-30, así se le conocía por aquellos lares. Un facineroso que comenzaba despuntar en el mundo del hampa; hizo capital al robar a punta de pistola a todo viajante que paraba para repostar en la gasolinera de su tío Joaquín. El Marqués le encomendó el trabajo de arreglarle tres pistolas y una metralleta usada en la guerra civil, herramientas para el trabajo de desplume de incautos.

Servando en pocos días aprendió el oficio de reparador de armas por el que recibió como contraprestación una importante cantidad de dinero que a los pocos días le quitó su padre, que por aquellos días ya andaba metido en la bebida, el juego y las furcias.

Servando harto ya de su padre y de ver como su madre, que estaba más sorda que una gallina con orejas de plástico, no escuchaba sus quejas, decide marchar a la capital en busca de un nuevo y provechoso porvenir.

Tuvo acomodo en casa de su amiga Luisa Chanclas Bermejo, con la que tuvo buenas migas y compartió muchas migajas en la época escolar. Al poco tiempo se casó con ella, y tres meses después se separaron.

Servando siguió viviendo con Luisa y comenzó a trabajar en el taller de reparaciones del cuñado de ella. Rápidamente se ganó fama y prestigio cuando se especializó en arreglar todo tipo de vehículos y algún que otro helicóptero que el Marques de la M-30 le hacía llegar en algunas ocasiones.

Rápidamente se extendió la fama de arreglalotodo, por la que Servando fue reclamado por sus servicios por parte de muchos vecinos del barrio e incluso forasteros venidos de lugares lejanos como Alcorcón.

Servando alcanzó fama, buena reputación y obtuvo muchas ganancias gracias a su laborioso e incansable trabajo.

 

 

Don Milindri, como se le conocía en el mundillo del espectáculo, se presentó una buena tarde de invierno en el taller, del que era ya propietario Servando después de jubilarse el cuñado de Luisa. Milindri le ofreció participar en el programa televisivo Demuestra tus sapiencias que presentaba el afamado Rigoberto Esquinas.

La fama mundial no se hizo esperar al emitir el programa, grabado doce semanas antes, en el que Servando participó junto con otros tres concursantes.

Servando, ante la atónita mirada de todos los presentes y telespectadores, consiguió arreglar en tan solo diecisiete minutos un tractor, una vieja lavadora y le arregló también un empaste al presentador. Engracia Solera, encargada de la limpieza del plató, contó en la revista Time que tuvieron que parar la grabación varias veces debido a los rodillazos que Servando propinó al presentador en los genitales mientras le arreglaba la boca.

Tras la aparición televisiva la vida de Servando dio un brusco giro, su gran fama le condujo a una vida de lujos y caprichos caros. Cientos de clientes hacían cola para que les arreglase todo tipo de vehículos, electrodomésticos y helicópteros.

Después de diez años de vida placentera y adinerada Servando desapareció sin dejar rastro ni fortuna.

La policía no encontró su paradero. Se sospecha que fue secuestrado por la banda del Marques de la M-30. Todo hace indicar que está en algún lugar de Sudamerica, reparando aviones y helicópteros robados a manos del cartel de los Chingamierdas, usados para el transporte de cocaína y boniatos rellenos de marihuana.

 


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